Araña tejedora de frases, sutil tenacidad es tu arte, qué pericia sintáctica demuestras. No sé, omito halagos porque objetives mi existencia.
Araña tejedora de frases, justificas necedad con vocación y en tus desesperanzas imploras versos eficaces. No desesperes artrópodo letrado, no es poca tu habilidad en lo emprendido, es sólo mi incredulidad en tu objetivo: no me intereso. Es verdad, no hay nada más desagradable que una araña.
Araña tejedora de frases, reconozco tu trabajo impecable y, porqué no decirlo, innecesario, absurdo quizá. No soy una mosca Araña, te lo he dicho ya. No me mires con esos cuatro pares de ojos tristones, ni abras tu boca con enfado, piensa, mi decisión es resultado de una simple reflexión, soy la obsesión de tu caza porque no puedes abrirme, romperme, leerme, de ser así me habrías dejado vacía y sola.
Araña tejedora de frases, llama al deseo. Escucha los anhelos de las voces descubiertas, aferradas a tu lírica asechante. Absorberás de sus cuerpos el misterio, la luz nacida de la fe. Dejarás la habitación vacía, nocturna, las mirarás como cuerpos sin valor ya. Y te irás con tus ocho peludas patas, en un andar incierto y veloz.
domingo, 29 de junio de 2008
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